RICR No. 137

Gustave Moynier y las sociedades de la Paz

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Desde la fundación de la Cruz Roja se ha planteado el problema de su relación con la guerra. En efecto, cabía preguntarse si el hecho de institucionalizar la protección de las víctimas de la guerra y de crear un ámbito especial al que la violencia no tuviera acceso no podría ser considerado como un reconocimiento oficial de la guerra, como la aceptación tácita del recurso a la fuerza. Incluso algunos se preguntaron si el hecho de reglamentar la guerra sin tratar de suprimirla no significaría estar al servicio de los objetivos de los responsables militares y políticos de la beligerancia, que podrían, en adelante, esgrimir la excusa de una «guerra limpia» para justificarse ante la opinión pública y la historia.Estas reservas no mermaron la determinación de los fundadores de la Cruz Roja, que, sin duda, consideraban que ya habían resuelto este problema. Como ciudadanos de una nación de neutralidad institucional, solo reconocían como legítima la guerra defensiva, y pensaban que un ejército de milicia es la mejor garantía para su protección. Su objetivo consistía en mejorar la situación de los militares heridos, más que en reformar la política de las naciones.

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