IRRC No. 910

Editorial: La memoria: una nueva frontera humanitaria

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En una época en que los debates humanitarios parecen estar firmemente centrados en el futuro –la transformación digital, las armas autónomas, el cambio climático, la carrera por la innovación, entre otras cuestiones–, dedicar todo un número de la revista al concepto de la memoria puede parecer anacrónico. No obstante, la memoria es una parte esencial de este debate por varias razones. En primer lugar, para que las víctimas del conflicto vean reducido el trauma que este les ha causado, no se puede pasar por alto el impacto psicológico de su experiencia. Los recuerdos traumáticos generan grandes sufrimientos en los sobrevivientes de la violencia, en los que han padecido el desarraigo y en los familiares de las personas que continúan desaparecidas mucho después del fin del conflicto. Las organizaciones humanitarias son cada vez más conscientes de que tienen la obligación –aunque no necesariamente los medios– de ocuparse de esta forma de sufrimiento, que ha permanecido oculta o fuera de su ámbito normal de trabajo durante demasiado tiempo. Comprender la memoria, no solo la individual sino también la colectiva, puede ser fundamental para prevenir futuros ciclos de violencia. Las humillaciones y las representaciones del pasado provocan identidades asesinas, alimentan la mayoría de los conflictos y sientan las bases para visiones incompatibles del futuro. La memoria colectiva de las sociedades se deposita en su cultura y puede estar plasmada en monumentos y sitios emblemáticos. La conmoción que ha provocado en todo el mundo el incendio accidental que devoró la Catedral de Notre-Dame de París demuestra que vale la pena resguardar la memoria, tanto la tangible como intangible. La memoria, en forma de historia, es un tema sobre el que se suele debatir en tiempo de conflicto. Surge el deseo de reescribir la historia, el deseo de borrar de la faz de la tierra a determinados grupos de personas, incluida su memoria, y el deseo de destruir los tesoros literarios, artísticos y arquitectónicos. La memoria que vale la pena proteger también puede ser digital y puede ser objeto de robo, manipulación o daño. Existe, asimismo, la memoria almacenada en las neuronas, que quizás algún día podremos modificar e incluso borrar, como resultado de los avances de la neurociencia.

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