IRRC No. 866

Editorial: Catástrofes

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En las tragedias de la Antigüedad clásica, la catástrofe resuelve la trama narrativa, facilita el desenlace y cierra la obra, habitualmente con la muerte de uno o varios protagonistas. Aristóteles la define como "una acción que lleva al escenario ruina y dolor, con muertes, heridas y otros sufrimientos similares". Aquí reside el origen de la palabra "catástrofe", hoy utilizada para definir un acontecimiento violento que causa muerte y destrucción a gran escala. Según esa acepción, cada conflicto armado y cada desastre de origen natural o tecnológico es una catástrofe. Asimismo, los acontecimientos catastróficos traen consigo cambios abruptos y drásticos.***Los desastres naturales como los huracanes, los terremotos, los tornados, las inundaciones o los incendios forestales solían considerarse naturales, en contraste con las catástrofes de origen humano, como los accidentes de transporte, los desastres ambientales a causa de fallas tecnológicas o, peor aún, atribuibles a factores sociológicos con fuertes motivaciones humanas, en particular las situaciones de conflicto armado o de violencia colectiva, donde pugnan intereses políticos, económicos y militares. Sin embargo, está cada vez más extendida la opinión de que todas las catástrofes son de origen humano, puesto que, si toma las precauciones pertinentes, el hombre puede impedir que un riesgo llegue a ser una catástrofe. La vulnerabilidad humana, a causa de la falta de gestión y de planificación de los riesgos, de la carencia de una gestión apropiada de las situaciones de emergencia o de la imprevisibilidad del acontecimiento, induce a la pérdida de vidas humanas, de recursos económicos y de infraestructuras. La gravedad de las pérdidas depende de la capacidad de la población para superar el desastre y de su capacidad para adaptarse. El reciente brote de SRAS (síndrome respiratorio agudo severo) da una idea de la amplitud de los efectos que una pandemia podría causar en la salud y la economía. Las predicciones de los especialistas señalan la posible mutación del virus H5N1 de la gripe aviar para transformarse en una cepa transmisible de un ser humano a otro. Sin embargo, los estudios de casos demuestran que, en los desastres naturales, la gestión de riesgos y desastres es en gran medida posible, aunque los cambios súbitos que tienen lugar durante el desarrollo del suceso pueden modificar ciertos parámetros.***El presente número de la Revista versa, en particular, sobre la amenaza que representan los incidentes con armas nucleares, radiológicas, biológicas o químicas (NRBQ). Aunque esas armas han sido prohibidas o, como en el caso de las armas nucleares, aunque su uso ha sido declarado incompatible con el derecho humanitario, su disponibilidad acrecienta las probabilidades de su empleo. Todos recuerdan el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando, por primera vez, una sola bomba se cobró la vida de decenas de miles de personas. También se han utilizado armas químicas, sobre todo en la guerra entre Irak e Irán, en el decenio de 1980. Varios incidentes menores, sin relación alguna con un conflicto armado, indican que los Estados o los grupos no estatales podrían utilizar las armas NRBQ en gran escala, con el probable riesgo de catástrofes. Las consecuencias y las consiguientes necesidades de índole humanitaria varían según el caso y también dependen del tipo de incidente NRBQ. Los problemas más difíciles de resolver para cada Estado y, en especial, para las organizaciones humanitarias, serían los resultantes por el uso de armas nucleares, armas químicas y agentes altamente infecciosos y fácilmente transmisibles. Hay, con creces, mejores posibilidades de mitigar un evento catastrófico, cuando las posibles víctimas elaboran planes de preparación para situaciones de emergencia y desarrollan las apropiadas capacidades para actuar. En el caso de un incidente grave, muchos Gobiernos ejercen su derecho de declarar el estado de emergencia. Dicha medida les confiere amplios poderes sobre la vida cotidiana de sus ciudadanos y puede incluir la restricción temporal de ciertos derechos civiles. Las consideraciones de seguridad pueden, por ende, entrar en conflicto con las consideraciones de ordenhumanitario. La mayoría de los países desarrollados cuenta con diversos servicios internos preparados para ayudar a manejar situaciones de emergencia de toda clase. Los principales servicios de emergencia son los servicios policiales y de seguridad (y los de investigación), los servicios antiincendio (y de salvamento), y los servicios médicos de urgencia. A menudo, estos servicios son administrados por el Estado, pero a veces, los prestan empresas privadas u organizaciones de voluntarios.***Aunque algunos países occidentales cuentan con planes nacionales de emergencia aptos para afrontar acontecimientos catastróficos, es muy probable que muchos otros países carezcan de ese tipo de planes. A menudo, las capacidades locales son insuficientes para encarar una crisis aguda y resulta necesario recurrir a la ayuda internacional, a fin de garantizar un nivel mínimo de asistencia a las víctimas. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja promueve la aprobación de principios rectores para ayudar a organizar esa asistencia. En situaciones de conflicto armado, y más aún en un incidente NRBQ, es posible que cuestiones prioritarias relacionadas con la seguridad y la investigación impidan prestar asistencia a las víctimas, al menos temporalmente. La incertidumbre sobre la índole del incidente o sobre el momento y la magnitud de tal ataque puede obstaculizar cualquier forma de ayuda efectiva para las víctimas. De todos modos, hoy no sería posible efectuar una acción internacional eficaz, que beneficie directamente a las víctimas de incidentes NRBQ, sin recurrir a las capacidades de las fuerzas armadas. Ciertos organismos especializados de las Naciones Unidas, como la Organización Internacional de la Energía Atómica, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas y la Organización Mundial de la Salud, se enfrentan con limitaciones en lo que respecta a los conocimientos especializados y al equipamiento que necesitan para cumplir su cometido en las zonas contaminadas. Por lo demás, el mandato de dichos organismos no comprende explícitamente la provisión de ayuda directa a las víctimas. Actualmente, otras organizaciones humanitarias no cuentan con los medios necesarios para trabajar en ambientes contaminados.***Tampoco el CICR y las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y su Federación están en condiciones de prestar ayuda a las posibles víctimas de armas NRBQ, en el marco de una acción internacional. Al llevar a cabo su cometido de proteger y asistir a las víctimas de los conflictos armados, los colaboradores del CICR a veces se han encontrado en zonas contaminadas sin saberlo, y tal situación podría repetirse en el futuro. Cuando ha afrontado estos acontecimientos en conflictos anteriores, el CICR ha adaptado su modo de operar a las circunstancias del caso, básicamente sin poder prestar ayuda directa a las víctimas en las zonas contaminadas. Actualmente, no hay un plan que permita, a la vez, prestar una ayuda eficaz a las víctimas y reducir al mínimolos riesgos a la salud y la seguridad del personal humanitario. ***Obviamente, no es agradable pensar en esos supuestos catastróficos. Sin embargo, nos incumbe la responsabilidad de adoptar las medidas necesarias para prevenir desastres y, si éstos son inevitables, de procurarse los medios que permitan atenuar sus efectos y mitigar los sufrimientos de las personas afectadas. Por lo que respecta a las armas NRBQ, toda acción operacional adecuada a raíz de un incidente de esa índole, que es poco probable, pero, si lo hubiera, tendría grandes repercusiones, exigiría ingentes inversiones a largo plazo en el ámbito de las políticas, la gestión, la organización, las finanzas y, sobre todo, los recursos humanos. Se trata de grandes inversiones para casos de emergencia, que casi ningún Estado puede solventar. Por lo tanto, es importante estimular el debate acerca de la forma en que los Gobiernos pueden, tal vez mancomunadamente, enfrentar estas amenazas, mientras éstas todavía no se han concretado.Toni PfannerEditor-in-Chief

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